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Esta semana, en este post, pretendemos poner en evidencia investigaciones que sugieren que las percepciones de injusticia después de una lesión músculo-esquelética pueden tener un impacto significativo en una serie de resultados relacionados con el dolor.

La injusticia percibida se define como una cognición valoración que comprende elementos respecto a la gravedad de la pérdida resultantes de una lesión (“La mayoría de la gente no entiende la gravedad de mi estado”), culpa (“Estoy sufriendo debido a la negligencia de otra persona”), un sentido de injusticia (“todo parece tan injusto”), y la irreparabilidad de la pérdida (“Mi vida nunca será la misma”). Así, la experiencia de un sufrimiento innecesario, como resultado de las acciones de los demás y de las valoraciones de irreparabilidad de la pérdida dan lugar a estas percepciones de injusticia (Miller, 2001).

Específicamente en el campo del dolor, las situaciones donde ha ocurrido una lesión como resultado de un error o negligencia de alguien pueden hacer que la persona que tiene dolor experimente un sentido de injusticia. De hecho, varios estudios refuerzan este resultado ya que concluyen que la injusticia percibida puede representar un factor de riesgo para la recuperación problemática después de una lesión músculo-esquelética (p ej., Gun & Osti, 2005).

Sin embargo, solo recientemente se ha empezado a considerar la injusticia percibida en el contexto del dolor y lesión. Sullivan, Adams, Horan et al (2008) en un estudio prospectivo con pacientes con dolor músculo-esquelético (dolor de espalda, traumatismo cervical) han encontrado que las altas puntuaciones en la injusticia percibida predecían la discapacidad laboral prolongada siendo un indicador pronóstico de malos resultados en rehabilitación. La injusticia percibida predijo la discapacidad laboral estando más fuertemente relacionado con esta que con la intensidad de dolor. Los resultados concluyen que las percepciones de injusticia son el mejor predictor de la discapacidad laboral mientras el catastrofismo (i.e. una tendencia a magnificar y exagerar el valor amenazante o la gravedad de las sensaciones de dolor) es el mejor predictor de la severidad de dolor.

Las percepciones de injusticia están también altamente relacionadas con el catastrofismo lo que sugiere que las dificultades atencionales, malestar emocional y afrontamiento desadaptativo pueden ser vehículos a través de los cuales la injusticia percibida afecta el dolor (Quartana, Campbell & Edwards, 2009). Por otro lado, también se asocia a la manifestación de altos niveles de conductas protectoras respecto al dolor (i.e. alteraciones del movimiento o demonstraciones expresivas que se llevan a cabo durante la experiencia del dolor como evitar la actividad o frotar las zonas afectadas) (Sullivan, Davidson & Gardinfiel, 2009). Además, la literatura también sugiere que las percepciones de injusticia pueden representar uno de los antecedentes cognitivos de las reacciones de ira o enfado asociadas al dolor (Orth, Montada &Maercker, 2006). De hecho, las reacciones de ira parecen centrales en la experiencia de injusticia percibida. Estas reacciones emocionales hacia eventos negativos persisten durante largos periodos de tiempo cuando los eventos son valorados como injustos.

Así, se destaca la importancia de diseñar o llevar a cabo no solamente una evaluación adecuada sino también intervenciones psicológicas (p ej. intervenciones que se centran en la búsqueda del perdón, en el manejo de la ira o en la aceptación del dolor) que pueden ayudar a paliar el impacto de las percepciones de injusticia sobre el estado de salud y dolor de la persona. Es importante seguir investigando de forma sistemática los efectos de las percepciones de injusticia sobre el dolor, como por ejemplo, a nivel cognitivo que incluye un enfoque excesivo en la pérdida e irreparabilidad de la pérdida, la culpa, catastrofismo o motivos de venganza, a nivel afectivo que incluye la ira y la depresión y aún a nivel fisiológico que puede incluir la reactividad muscular y disfunciones del sistema opioide endógeno.

Fuentes de consulta:

  1. Sullivan MJ, Scott W, Trost Z. The Clinical Journal of Pain [2012, 28(6):484-488] DOI: 10.1097/AJP.0b013e3182527d13
  2. Miller DT. Disrespect and the experience of injustice. Annu Rev Psychol. 2001;52:527–553.
  3. Blyth FM, March LM, Nicholas MK, et al. Chronic pain, work performance and litigation. Pain. 2003;103:41–47.
  4. Ferrari R, Russell A. Why blame is factor in recovery from whiplash injury. Med Hypotheses. 2001;56:372–375.
  5. Gun RT, Osti OL. Risk factors for prolonged disability after whiplash injury: a prospective study. Spine. 2005;30:386–391.
  6. Turk DC, Okifuji A. Perception of traumatic onset, compensation status, and physical findings: impact on pain severity, emotional distress, and disability in chronic pain patients. J Behav Med. 1996;19:435–453.
  7. Quartana PJ, Campbell CM, Edwards RR. Pain catastrophizing: a critical review. Expert Rev Neurother. 2009;9:745–758.
  8. Sullivan MJL, Davidson N, Garfinkiel B, et al. Perceived injustice is associated with heightened pain behavior and disability in individuals with whiplash injuries. Psychol Inj Law. 2009;2:238–247.
  9. Orth U, Montada L, Maercker A. Feelings of revenge, retaliation motive, and post-traumatic stress reactions in crime victims. J Interpers Violence. 2006;21:229–243.

Catarina T. Pires, ALGOS. Recerca en Dolor

Universitat Rovira i Virgili, Tarragona

Image courtesy of Stuart Miles / FreeDigitalPhotos.Net


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