Una declaración de intenciones

En los últimos años los avances en el control del dolor han estado formidables, en verdad impensables no hace tanto tiempo. Aún así, pese la eficacia de los tratamientos disponibles, es bien cierto que muchas personas continúan experimentando dolor de forma recurrente; un dolor que interfiere considerablemente en su vida y que, a menudo, llega a hacerles sentir miserables.

Es con estas personas y sus familiares, también con sus amigos y compañeros, con quién tenemos un compromiso firme: ayudarlos a mejorar la calidad de vida. Somos de los que creemos firmemente en ese conocidísimo refrán de ‘más vale prevenir que curar’. Y es así que buena parte de nuestro tiempo y recursos están dirigidos a desarrollar tratamientos que permitan prevenir el dolor y la discapacidad crónicos. Sabemos que prevenir el dolor no es posible, en algún caso tampoco deseable (no debemos olvidar que a menudo el dolor es una señal de alarma, el indicativo de que alguna cosa no funciona). Y si bien el dolor puede ser inevitable en algunas ocasiones, el sufrimiento y la discapacidad si son opcionales, estos sí que se pueden prevenir.