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El pasado 17 de octubre se celebraba el Día Mundial del Dolor. Y a la estela de los actos relacionados con este día, el grupo de investigación ALGOS y la Cátedra de Dolor Infantil URV – Fundación Grünenthal, junto con el Hospital Universitario Sant Joan de Reus, organizamos una conferencia coloquio con la que queríamos ayudar a sensibilizar a la población y promover el interés y la implicación de los profesionales sanitarios en el estudio y tratamiento del dolor crónico infantil. En esta ocasión nos acompañó el Dr. Allen Finley que impartió la conferencia “Pain is complicated. Children are complicated. It takes a team”.

El Dr. Allen Finley es un reconocido anestesiólogo infantil canadiense que cuenta con más de 25 años dedicados a la investigación y tratamiento del dolor infantil, es Catedrático de la Universidad Dalhausie y director de la Cátedra Dr. Stewart Wenning in Pediatric Pain Management en IWK Health Center (Halifax, Canadá). Durante su presentación, abordó la magnitud y complejidad del problema del dolor crónico infantil y reflexionó sobre aquello que es imprescindible para atender las necesidades de los jóvenes con dolor crónico y sus familias, y cómo hacerlo.

Durante su conferencia, el Dr. Finley comentó algunos de los estudios que describen los múltiples factores que influyen en el dolor y en el impacto que tiene en las familias y la sociedad, más allá de los efectos en la calidad de vida del niño/joven directamente afectado. Demostró la extraordinaria complejidad del problema y que deba ser atendido por equipos multidisciplinares en unidades especializadas (equipos que estén formados, al menos, por profesionales de la medicina, enfermería, fisioterapia y psicología). Los datos disponibles señalan que, en efecto, solo una fórmula como esta permitirá resolver adecuadamente las complicaciones a las que se enfrentan estos jóvenes y sus familias. Siendo así, ¿no debiera sorprendernos –acaso indignarnos- que en nuestro país todavía no haya unidades multidisciplinares especializadas para el tratamiento de la población infantojuvenil con dolor crónico, cuando en la mayoría de países de nuestro entorno ya están disponibles?

Aunque no disponemos de unidades especializadas, como las que sí existen para el tratamiento del dolor crónico en adultos, sí contamos con algunos servicios y centros hospitalarios que se esfuerzan por compensar la falta de unidades de estas características. Afortunadamente, distribuidos por toda la geografía encontramos a profesionales que, gracias a un esfuerzo encomiable, intentan paliar las necesidades que la sanidad pública, o privada, todavía no ha resuelto. Pero esto no es lo que nos merecemos como sociedad, tampoco lo que nuestros niños y jóvenes, y sus familias, necesitan.

Y el problema, no reside en la falta de recursos, pues como ha mostrado el Dr. Finley, los gastos que ocasionan estas unidades no son extraordinariamente elevados. Más aun, consiguen reducir los costes que implica el tratamiento de los jóvenes con dolor crónico, tanto en términos económicos como sanitarios y sociales, si se comparan con los procedimientos habituales.

Las barreras que interfieren en el cambio de modelo son múltiples, y van desde las propias concepciones de algunos profesionales sobre el dolor crónico infantil y cómo debe ser tratado, pasando por la falta de profesionales formados en estos modelos, hasta las interferencias que el propio sistema sanitario plantea. No son barreras insalvables, pues de la misma manera que se resolvieron las trabas y las dificultades que se planteaban para con el tratamiento de los adultos con dolor crónico, sería de esperar que lo propio sucediera con la población infantojuvenil.

Los estudios disponibles muestran que un 37% de la población infantojuvenil en nuestro país tiene problemas de dolor crónico, de los cuales el 5% informa de problemas significativos de discapacidad asociada al dolor. En Cataluña, por ejemplo, hay aproximadamente 75.000 niños entre los 8 y los 18 años que necesitarían una atención integral y especializada, según los datos que presentaba el Dr. Finley en su conferencia. Una cifra lo suficientemente importante como para que las autoridades sanitarias, las sociedades científicas, los profesionales, la propia sociedad, reaccionen y pongan los medios para hacer frente a este problema.

Hemos superado la fase en la que se necesitaba demostrar la conveniencia y los beneficios de estas unidades, y desde aquí reclamamos, de nuevo, unidades especializadas como las que ya existen en otros países europeos. Es obligatorio incorporar esta necesidad a la agenda de las administraciones competentes y promover la constitución de tales unidades, que deberían contar, al menos, con el mismo tipo de recursos de los que disponen las unidades de dolor crónico para adultos. Como señala el Dr. Finley: “el dolor crónico infantil no puede ser una realidad invisible por más tiempo”.

 

Dr. Jordi Miró

@DrJordiMiro


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